S. Crispino
 
       
 

Nuestro único conservante es el frío. No usamos ninguna sustancia emulsionante química, ningún colorante artificial, ni ningún conservante químico.

 

 

Cuando el helado sale de la máquina que lo produce (que se llama mantecadora), tiene una temperatura de -8°/-10°C, su estado es blando y cremoso, perfecto para tomar.

 

 
Entonces se baja su temperatura inmediatamente a -40°C. Su consistencia es dura como el vidrio:
de ese modo, la estructura del helado se mantiene en su estado óptimo, que es el que tiene cuando está recién hecho.

 
 

A partir de ese momento, el helado se conserva y transporta a -35°C, hasta el momento de su consumo, en el que hay que hacer que la temperatura pase de -35°C a -8/-10°C: así el producto vuelve a adquirir la cremosidad inicial, pudiéndose consumir ya.

 

  Es importante recordar que el helado es el único género alimentario que se consume a temperatura negativa. Eso significa que la temperatura de conservación y la de consumo se encuentran dentro del mismo ámbito y que, por tanto, cuando se ablanda no sufre ninguna alteración estructural que pueda alterar las características físicas u organolépticas.
   
   
 
 

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